Una línea de lágrimas bordea el fondo de mis ojos y no caerán. No. En este taburete debo permanecer alerta.
Casi invisible, rozando lo que no se ve con los ojos abiertos. Pues ya supe respirar todo lo que se respira cuando se tienen cerrados.
Que no te miro a ti, sino a tu infinito.
Para abordar la esperanza que recae en lo desconocido. Siempre viene una voz ajena a obsequiarte con una leve caricia en la conciencia.
Despertar tus oídos. Lo que es renacer en una ciudad nueva. Y no querer marcharte.
Hay tantas cosas que hacer antes de apagar los ojos en el cementerio…
Que no pido su perdón, sino que deseo su no dolor.
Que sé que podéis acostumbraros.
Hace un segundo volví a darme cuenta de la importancia de un segundo. Como todo cambia de negro a gris o se hace tan opaco o transparente y de repente todo puede ser verde o tan blanco como los ojos que se guardan en las entrañas.
Guardo el desorden de las emociones en un frasquito entre el alma
Y las montañas que saludan desde las ventanas.
Ahora rebosan en mí como si no hubiera ya forma de contenerlas.
Lágrimas encerradas.
Después de la derrota de vivir sin corazón de repente vuelves a querer una mente o al cuerpo que la envuelve.
Si nunca dejé de enamorarme.
Y sin embargo continúo siempre tan ausente a pesar de las voces que se sientan en mis hombros a pretender llevarme a una cama casi vacía.
Aun es pronto para secar este corazón sangrante de espinas y esperar. OH! Dios si hay alguna cruz donde te crucificaron dime si estoy yo en tu lugar, en ese lugar de madera, sombrío y húmedo, tanto como lo que guardo entre las piernas.
Escondido.
El deseo
De volver a caminar contigo sin que estés a mi lado. Te llevo, como si acabara de amarte entre las ruinas.
Me basta solo con explicar cómo se forjan los nidos de cada nacimiento. Para volver a desangrarme cuando llegue a unas sábanas. Las mías. Una noche más en la que busco en el techo esparcido una razón para elevarme. No tropezar. Y si tropiezo calzarme de nuevo.
Esta noche la noche se acordó de recordarme.
Que aun hay voces capaces de recordar que aun se puede llorar de alegría.
(Después de un concierto)
Casi invisible, rozando lo que no se ve con los ojos abiertos. Pues ya supe respirar todo lo que se respira cuando se tienen cerrados.
Que no te miro a ti, sino a tu infinito.
Para abordar la esperanza que recae en lo desconocido. Siempre viene una voz ajena a obsequiarte con una leve caricia en la conciencia.
Despertar tus oídos. Lo que es renacer en una ciudad nueva. Y no querer marcharte.
Hay tantas cosas que hacer antes de apagar los ojos en el cementerio…
Que no pido su perdón, sino que deseo su no dolor.
Que sé que podéis acostumbraros.
Hace un segundo volví a darme cuenta de la importancia de un segundo. Como todo cambia de negro a gris o se hace tan opaco o transparente y de repente todo puede ser verde o tan blanco como los ojos que se guardan en las entrañas.
Guardo el desorden de las emociones en un frasquito entre el alma
Y las montañas que saludan desde las ventanas.
Ahora rebosan en mí como si no hubiera ya forma de contenerlas.
Lágrimas encerradas.
Después de la derrota de vivir sin corazón de repente vuelves a querer una mente o al cuerpo que la envuelve.
Si nunca dejé de enamorarme.
Y sin embargo continúo siempre tan ausente a pesar de las voces que se sientan en mis hombros a pretender llevarme a una cama casi vacía.
Aun es pronto para secar este corazón sangrante de espinas y esperar. OH! Dios si hay alguna cruz donde te crucificaron dime si estoy yo en tu lugar, en ese lugar de madera, sombrío y húmedo, tanto como lo que guardo entre las piernas.
Escondido.
El deseo
De volver a caminar contigo sin que estés a mi lado. Te llevo, como si acabara de amarte entre las ruinas.
Me basta solo con explicar cómo se forjan los nidos de cada nacimiento. Para volver a desangrarme cuando llegue a unas sábanas. Las mías. Una noche más en la que busco en el techo esparcido una razón para elevarme. No tropezar. Y si tropiezo calzarme de nuevo.
Esta noche la noche se acordó de recordarme.
Que aun hay voces capaces de recordar que aun se puede llorar de alegría.
(Después de un concierto)

4 comentarios:
Me alegra que al fin tengas un sitio para leerte, desde alas6ypico, tus versos han ganado en profundidad. Me gusta.
"Guardo el desorden de las emociones en un frasquito entre el alma
Y las montañas que saludan desde las ventanas".
Me guardo esa estrofa.
Un abrazo.
Vaya, "anónimo" no era, esta vez, el autor del "Lazarillo de Tormes", sino que era yo, Cerro.
A veces es bueno y necesario llorar para dejar atrás cosas que no nos hacen nada de bien y darnos cuenta que merecemos ser felices y que hay tanto por hacer, tanto que nos espera con los abrazos InFiNiTaMeNtE abiertos...... es entonces cuando ese llanto se vuelve alegría
te deseo toda la felicidad del mundo....
Gracias cerro, donde puedo encontrarte?supongo que sigues escribiendo...un bso. Ana
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